El miedo al fracaso no siempre te paraliza. A veces te mantiene ocupado.
Preparas, investigas, haces cursos, modificas el plan, esperas el momento adecuado y encuentras argumentos perfectamente razonables para no dar el paso que realmente importa.
Desde fuera puede parecer prudencia. Desde dentro, incluso puedes convencerte de que simplemente estás intentando hacer las cosas bien.
Pero pasan los meses y sigues exactamente en el mismo punto.
El problema del miedo al fracaso no es sentir miedo. Es permitir que ese miedo empiece a decidir qué oportunidades aceptas, qué proyectos comienzas, cuánto te expones y hasta dónde estás dispuesto a llegar.
Y no, probablemente no necesitas repetirte delante del espejo que todo va a salir bien.
Porque puede salir mal.
Superar el miedo al fracaso no consiste en convencerte de que nunca vas a fracasar. Consiste en dejar de necesitar esa garantía para actuar.
¿Qué es el miedo al fracaso?
El miedo al fracaso es el temor a equivocarte, no alcanzar un objetivo o no cumplir determinadas expectativas.
Hasta cierto punto es completamente comprensible.
Si algo te importa, quieres que salga bien. Si has invertido tiempo, dinero o esfuerzo, no quieres perderlos. Si otras personas van a evaluar el resultado, puede preocuparte su opinión.
El problema aparece cuando evitar el fracaso se vuelve más importante que intentar conseguir aquello que quieres.
Entonces empiezas a organizar tus decisiones alrededor de una pregunta: ¿qué puedo hacer para no equivocarme?
Y esa pregunta puede terminar sustituyendo a otra mucho más útil: ¿qué tendría que hacer para avanzar?
¿Por qué tenemos miedo a fracasar?
No todas las personas temen exactamente lo mismo cuando hablan de fracaso.
Para alguien, fracasar significa perder dinero. Para otra persona significa decepcionar a su familia. Para otra, descubrir que quizá no es tan capaz como pensaba.
Por eso entender tu miedo requiere ir un poco más allá del resultado.
¿Qué significaría para ti que algo saliera mal?
La respuesta puede revelar que muchas veces no tememos únicamente al fracaso. Tememos la interpretación que haremos de nosotros mismos después de fracasar.
El miedo al fracaso puede ser miedo a no ser suficiente
Imagina dos formas diferentes de interpretar el mismo resultado.
“Este proyecto ha salido mal.”
“He fracasado porque no soy suficientemente bueno.”
En la primera interpretación existe un resultado negativo que puedes analizar.
En la segunda, el resultado se convierte en una evaluación sobre quién eres.
Cuando cada error amenaza tu autoestima, asumir riesgos se vuelve mucho más difícil.
Ya no estás arriesgando únicamente tiempo, dinero o esfuerzo. Sientes que estás poniendo a prueba tu propio valor.
El perfeccionismo puede ser miedo al fracaso disfrazado
“Quiero hacerlo bien” parece una frase difícil de cuestionar.
Y hacer las cosas bien es positivo.
Pero existe una diferencia entre buscar calidad y necesitar perfección antes de exponerte.
Revisas una vez más. Cambias otro detalle. Esperas hasta tener más experiencia. Necesitas que absolutamente todo esté controlado antes de empezar.
El proyecto nunca parece terminado porque terminarlo significa tener que mostrarlo.
Y mostrarlo significa aceptar que alguien puede juzgarlo.
El perfeccionismo puede convertirse así en una estrategia de protección.
Mientras algo permanezca inacabado, todavía no puede fracasar.
Procrastinar también puede protegerte del fracaso
No siempre procrastinas porque seas perezoso o tengas poca disciplina.
En ocasiones aplazas precisamente aquellas tareas que tienen mayor importancia emocional.
Enviar una propuesta. Publicar un proyecto. Solicitar un puesto. Tener una conversación difícil. Empezar un negocio.
Mientras haces otras cosas, puedes sentir que sigues avanzando.
Pero la acción que realmente podría producir un resultado permanece intacta.
Procrastinar reduce temporalmente la ansiedad.
El coste es que también reduce tus posibilidades de avanzar.
Señales de que el miedo al fracaso está condicionando tus decisiones
No necesitas sentir pánico para estar actuando desde el miedo.
En muchas ocasiones se manifiesta mediante comportamientos aparentemente normales que se repiten cada vez que existe algo importante en juego.
Esperas sentirte preparado
Siempre necesitas un poco más de experiencia, conocimiento, dinero o confianza.
Cuando consigues aquello que creías necesitar, aparece una nueva condición.
No estás preparándote para empezar.
Estás intentando alcanzar un nivel de seguridad que elimine completamente el riesgo.
Eliges objetivos que sabes que puedes conseguir
Puedes parecer una persona extremadamente eficaz y, aun así, estar limitándote.
Si únicamente eliges retos donde tienes prácticamente garantizado un buen resultado, reduces la posibilidad de fracasar.
También reduces la posibilidad de descubrir hasta dónde podrías llegar.
Abandonas antes de saber qué habría ocurrido
Cuando aparecen las primeras dificultades, encuentras una razón para dejarlo.
Así puedes mantener una idea tranquilizadora: no fracasaste porque no fueras capaz; simplemente no lo intentaste completamente.
Abandonar antes de tiempo puede proteger tu autoestima a corto plazo.
Te preparas indefinidamente
Otro curso. Otro libro. Otra estrategia. Otra herramienta.
Aprender es necesario, pero llega un momento en el que seguir acumulando información ofrece rendimientos muy pequeños.
Lo que falta ya no es conocimiento.
Es exposición.
Te obsesiona lo que pensarán los demás
“¿Qué pensarán si sale mal?”
Esta pregunta puede tener más influencia sobre tus decisiones de la que reconoces.
En ocasiones no temes tanto perder como ser visto perdiendo.
El fracaso privado parece soportable. El fracaso visible parece mucho más amenazante.
Miedo al fracaso y autoestima
Una autoestima frágil puede aumentar el coste psicológico de equivocarte.
Si tu valoración personal depende excesivamente de tus resultados, cada error puede sentirse como una amenaza.
Necesitas demostrar que eres capaz porque una parte de tu seguridad depende precisamente de esa demostración.
Eso genera una paradoja.
Cuanto más necesitas demostrar que eres competente, más miedo puedes tener de afrontar situaciones en las que existe la posibilidad de descubrir que todavía tienes cosas que aprender.
Una autoestima más estable permite una interpretación diferente.
Puedes fallar en algo sin convertirte en un fracaso.
Miedo al fracaso y síndrome del impostor
También pueden aparecer juntos.
Si ya dudas de si realmente mereces tus logros, una nueva responsabilidad puede sentirse peligrosa.
Piensas que esta vez quizá se descubra que no sabes tanto como los demás creen.
Entonces puedes sobreprepararte, evitar nuevas responsabilidades o exigirte resultados extraordinarios para compensar esa inseguridad.
El miedo deja de ser únicamente “esto puede salir mal”.
Se convierte en “si sale mal, demostraré que siempre tuvieron una imagen equivocada de mí”.
El miedo al fracaso puede llevarte al autosabotaje
Cuando algo importante se acerca, puedes empezar a realizar acciones que reducen tus propias posibilidades de conseguirlo.
Procrastinas. Cambias constantemente de estrategia. Dejas de ser consistente. Abandonas cuando empiezas a avanzar.
Desde fuera resulta contradictorio.
Pero si fracasar representa una amenaza importante para tu autoestima, existe una lógica interna.
Si nunca das el cien por cien, siempre podrás atribuir el resultado a no haberlo intentado completamente.
El autosabotaje puede proporcionarte una explicación alternativa al fracaso.
El coste invisible de evitar el fracaso
Normalmente pensamos en el coste de intentarlo.
¿Y si pierdo dinero?
¿Y si pierdo tiempo?
¿Y si me equivoco?
Pero pocas veces calculamos el coste de no intentarlo.
¿Qué ocurre si dentro de tres años sigues exactamente donde estás?
¿Qué oportunidades pueden desaparecer?
¿Qué experiencia no vas a adquirir?
¿Qué contactos no vas a hacer?
¿Qué posibilidades nunca llegarás a descubrir?
No actuar también tiene consecuencias.
Solo que normalmente son menos visibles.
En Lidhera trabajamos sobre autoestima, actitud y los patrones que pueden estar condicionando decisiones importantes sin que seas plenamente consciente de ello.
Descubre más en https://lidhera.com/
Cómo superar el miedo al fracaso
Eliminar completamente el miedo antes de actuar probablemente sea un objetivo poco realista.
Una estrategia más útil consiste en reducir el poder que tiene sobre tus decisiones.
1. Define exactamente qué temes
“Tengo miedo de fracasar” es demasiado general.
¿Qué es exactamente lo que podría ocurrir?
Quizá perderías una cantidad concreta de dinero. Recibirías un rechazo. Tendrías que volver a buscar trabajo. Alguien podría criticarte.
Cuando defines el escenario, puedes empezar a evaluarlo.
Mientras permanece como una amenaza abstracta, tu imaginación puede hacerlo prácticamente ilimitado.
2. Separa probabilidad de posibilidad
Que algo pueda ocurrir no significa que sea probable.
Cuando tienes miedo, ambas cosas pueden confundirse.
Pregúntate qué evidencias tienes para pensar que ocurrirá el peor escenario y qué otras posibilidades existen.
No se trata de pensar positivamente.
Se trata de pensar con mayor precisión.
3. Pregúntate qué harías si realmente saliera mal
Esta pregunta puede ser más poderosa que intentar convencerte de que todo irá bien.
Si el proyecto fracasa, ¿qué harías?
Si recibes un rechazo, ¿cuál sería el siguiente paso?
Si pierdes ese cliente, ¿cómo responderías?
Tener un plan para el fracaso reduce la necesidad de fingir que el fracaso es imposible.
4. Reduce el tamaño de la apuesta
No todos los objetivos requieren jugarte todo a una carta.
Puedes validar una idea antes de invertir grandes cantidades. Probar un servicio con pocos clientes. Publicar una primera versión. Presentarte a una oportunidad sin abandonar inmediatamente tu situación actual.
Reducir el riesgo inicial puede facilitar la acción sin necesitar eliminar la incertidumbre.
5. Cambia el criterio de éxito
Si el único resultado aceptable es ganar, cualquier intento contiene una amenaza enorme.
En determinadas situaciones puedes establecer objetivos relacionados con la acción.
Enviar diez propuestas.
Publicar durante un mes.
Presentarte a cinco procesos.
Probar una estrategia durante un periodo determinado.
No controlas completamente el resultado.
Sí puedes controlar gran parte del proceso.
6. Aprende a recopilar información del error
Decir que “del fracaso se aprende” sirve de poco si después de equivocarte únicamente te insultas.
Aprender requiere analizar.
¿Qué funcionó?
¿Qué no funcionó?
¿Qué dependía de ti?
¿Qué harías diferente la próxima vez?
Convertir el error en información reduce su capacidad para convertirse en una sentencia sobre tu identidad.
7. Practica exponerte a pequeños rechazos
Parte del miedo puede reducirse cuando acumulas experiencias que demuestran que un resultado negativo es soportable.
Pedir algo que pueden rechazarte. Expresar una opinión. Mostrar un trabajo antes de considerarlo perfecto.
No necesitas empezar por aquello que más miedo te produce.
Puedes entrenar progresivamente tu capacidad para tolerar la incertidumbre.
No necesitas más confianza para empezar
Una idea frecuente es pensar que primero debes sentir confianza y después actuar.
Muchas veces ocurre al revés.
Actúas con dudas.
Compruebas que puedes manejar la situación.
Obtienes experiencia.
Y esa experiencia genera confianza.
Si esperas a sentirte completamente preparado para empezar, puedes estar esperando una consecuencia antes de realizar la acción que la produce.
Fracasar en algo no te convierte en un fracaso
Puede parecer una diferencia semántica, pero es fundamental.
Un fracaso describe un resultado.
“Soy un fracaso” describe una identidad.
Cuando mezclas ambas cosas, cada objetivo se convierte en un examen sobre tu valor personal.
Y vivir permanentemente examinándote hace que evitar retos sea una respuesta comprensible.
Puedes asumir responsabilidad por un mal resultado sin utilizarlo para definirte completamente.
No todo fracaso merece ser romantizado
Fracasar puede tener consecuencias reales.
Puedes perder dinero, tiempo o una oportunidad.
No necesitas convencerte de que cada fracaso será maravilloso o que inevitablemente te llevará a algo mejor.
Lo importante es poder evaluar el riesgo sin convertir cualquier posibilidad negativa en una catástrofe personal.
Algunas decisiones merecen prudencia.
Otras llevan años esperando porque llamas prudencia a lo que realmente es miedo.
¿Qué harías si no necesitaras garantizar el resultado?
Esta pregunta cambia el enfoque.
No pregunta qué harías si supieras que vas a ganar.
Pregunta qué decisión tomarías si aceptaras que no puedes controlar completamente el resultado.
Quizá enviarías aquella propuesta.
Empezarías el proyecto.
Solicitarías el puesto.
Publicarías tu trabajo.
Tendrías aquella conversación.
No porque tengas la certeza de que saldrá bien.
Sino porque has decidido que merece la pena intentarlo.
Superar el miedo al fracaso no significa dejar de sentirlo
Probablemente seguirás sintiendo cierta inquietud cuando algo importante esté en juego.
Eso no significa que hayas retrocedido.
El objetivo es que puedas reconocer el miedo sin entregarle automáticamente el control de tus decisiones.
Puedes tener miedo y actuar.
Puedes dudar y avanzar.
Puedes equivocarte y corregir.
Puedes fracasar en algo y continuar construyendo.
La verdadera diferencia aparece cuando dejas de necesitar garantías para empezar.
Empieza a trabajar lo que existe detrás del miedo
Si llevas tiempo posponiendo una decisión, esperando sentirte preparado o evitando oportunidades importantes, quizá el problema no sea que necesites otra frase motivacional.
Puede que necesites comprender qué significa realmente para ti equivocarte y por qué has permitido que esa posibilidad tenga tanto peso.
En Lidhera, Antonio Delgado trabaja sobre autoestima, actitud, autoconocimiento y los patrones internos que pueden estar limitando tus decisiones.
Descubre Lidhera en https://lidhera.com/ y empieza a trabajar sobre aquello que está detrás de tus bloqueos.